EL HOLOGRAMA DE WATERLOO

25.07.2015 20:13

Bélgica, 1815 

Ciudad de Verviers.

Cañonazos. Destellos de luz reflejados en un cielo pesado cargado de nubes. Infinidad de disparos entrelazados con los gritos, aterrados de unos y envalentonados de otros, de decenas de miles de soldados.

La tierra estallando. 

Lágrimas. 

Miedo. 

El relinchar de los caballos se mezcla con las órdenes impartidas por los oficiales que, a grito pelado, tratan de arengar a las tropas, como si no fuesen suficientes la ginebra repartida entre la tropa inglesa, o el coñac en el caso de los franceses. Sobre el campo las diferentes disposiciones de los ejércitos. Las numerosas formaciones cuadradas de cada uno conformaban sobre el terreno varios tableros de ajedrez. El ala izquierda del ejército francés, comandada por el mariscal Ney, y a cuyo auxilio tuvo que acudir la propia guardia imperial de Napoleón, se enfrentaba al ejército angloaliado de Wellington, mientras que el ala derecha, a cargo del mariscal Grouchy, se luchaba con el ejército prusiano del mariscal Blücher. 

Charleroi, el 15 de junio, y Quatre Bras y Ligny el 16, fueron las primeras refriegas que tuvieron los ejércitos aliados y prusianos con el francés, el cual salió victorioso en todas ellas. Sin embargo, fue el 18 de junio de 1815 cuando realmente habría de dirimirse el resultado de aquella crucial batalla en el emplazamiento que los ingleses denominaron Waterloo y que los franceses llamaron la batalla de MountSaint-Jean. Lo cierto es que, en aquellos días, en tierras belgas, tanto las bajas francesas como las de prusianos y aliados, se contaron por miles. 

Atónitos y aterrados, los habitantes de Verviers veían cómo, una y otra vez, caían los soldados, despedazados unos por el impacto de la artillería, ensartados otros por las bayonetas caladas del enemigo. En el suelo la tierra sangraba, mezclándose con el barro fruto de la tormenta caída el día anterior, lo que provocaba dificultades para el avance de la caballería y la temida artillería francesa. Los hombres se dejaban el resuello empujando aquellos pesados carros. En medio de esa escena, unos optaron por huir hacia bosques cercanos donde poder refugiarse y otros volvieron al interior de sus casas en un intento de encontrar un escondite donde guarecerse de tanto horror. Sin embargo, hubo quienes siguieron observando aquella enorme representación mientras trataban de adivinar el resultado final de la batalla. 

* * * 

Son escasas las referencias existentes en la Red que hacen mención a este acontecimiento, clasificado entre los llamados espejismos, fenómenos ópticos anómalos, misterios sin resolver... Sea como fuere y dependiendo de los autores, el suceso pudo haber ocurrido el mismo día o unas semanas posteriores. Efectivamente, el 18 de junio de 1815, los habitantes de Verviers, ciudad belga de la provincia de Lieja, vivieron un acontecimiento ciertamente único. Estas humildes gentes se despertaron con el estruendo y la espectacular visión de lo que estaba aconteciendo a aproximadamente 135 kilómetros de distancia, y que cambiaría el curso de la historia europea. La batalla de Waterloo. 

Incomprensiblemente, los moradores de esta localidad asistieron aterrados al horrendo espectáculo de una batalla sobre sus cabezas, en el cielo. En un periodo tan convulso como el que Europa vivía aquellos días, sólo podemos imaginar mínimamente el horror y la congoja que pudieron sentir todas aquellas sencillas gentes con tal barbarie. El mal, que nunca descansa, se alimenta de este tipo de confrontaciones, en las que la miseria y locura humanas llegan a su grado último. 

El horrendo espectáculo... 

...del campo de batalla plagado de cadáveres destrozados... 

...el olor a sangre y heridas abiertas impregnándolo todo... 

...quejidos y lamentos desgarradores de innumerables desgraciados... 

...deprimente. 

Los autores que defienden que en el mismo día de la confrontación ocurrió un gigantesco holograma, justifican el hecho en la diferencia de densidad, existente por las mañanas, entre las capas inferiores y las superiores de la atmósfera, lo que explicaría de una manera lógica y científica el susodicho fenómeno como un reflejo de la batalla en las nubes. 

Sin embargo, existen informaciones que defienden la posibilidad de que el extraño suceso pudiera haber acontecido semanas después del cruel enfrentamiento, cuando los vecinos, sobresaltados por el fragor, salieron de sus hogares para presenciar la batalla en las nubes y, atónitos testigos del histórico envite, comenzaron a identificar a compañeros caídos en el campo de batalla. ¿Realidad o ficción? 

Sin duda ninguna, es difícil dejarse arrastrar por la idea de un espejismo o alucinación colectiva, ya que lo que puede resultar comprensible para un solo individuo fruto de su imaginación moldeada por sus personales temores y vivencias, difícilmente tendría cabida para todo un grupo de personas que presenciaron la misma visión. 

En cualquier caso, imaginemos, por un momento, que el hecho aconteció. Vayamos más allá... 

Imaginemos que la explicación de semejante acontecimiento fuese otra. 

Supongamos que lo que realmente provocó aquel fenómeno fuese otra cosa cuya explicación se escapase al entendimiento existente en aquella época, y que, sin embargo, fuera susceptible de una explicación coherente en el momento presente. 

Sólo por un instante... Imaginémoslo.

www.elviajedelarcangel.com

 

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